Cuando te despiden «de mutuo acuerdo», hay muchas formas de cerrar un ciclo, en cualquier situación. Pero lo que hagas en ese momento es lo que realmente dejará huella en tu vida. Hoy, con esto en mente, quiero cerrar esta etapa, que ha sido una experiencia en la que la vida me ha mostrado otras cosas… ¡y algunas que preferiría olvidar!

Trabajé varios años en una de las empresas más grandes de Colombia. Desde pequeña escuchaba que era el sueño de muchas personas, pero la verdad, no era mi sueño. Sin embargo, por razones de la vida (y para ponerme a prueba y aprender algo más), terminé allí. Puedo decir que ese tiempo me ayudó a consolidar algunos sueños económicos, pero también me llevó a pensar que quizás no era la persona más apta profesionalmente. Es increíble cómo, solo por no encajar en un lugar, te destruyen sin darse cuenta… y peor aún, tú ni siquiera te das cuenta.

Cuando ingresé, todas mis ilusiones empezaron a desvanecerse porque esa misma persona que te da la oportunidad de entrar empieza a hacer comentarios que no van en línea con tus principios. Y eso fue solo el principio. Recuerdo que tenía a cargo la estrategia tecnológica, con un equipo del proveedor para lograrlo. Pero todo empezó a irse al garete cuando salieron cuestionamientos sobre ellos: «¿Por qué estamos pagando horas si dicen que no se laboraron?» (porque en el contrato está que si alguien se ausenta, no se paga). Para mi sorpresa, ante la queja del proveedor, mi jefe me soltó un clásico: «¿Y usted por qué sufre si esa plata no es suya?» Ahí entendí que no encajaba en ese lugar.

Esa empresa tiene un perfil muy definido de persona para trabajar allí. Tanto que, a nivel nacional, parecen prototipos de un tipo de restaurante, con actividades fuera del trabajo y hasta su propia dinámica de relacionamiento. Desde el principio, supe que no encajaba en ese mundo, pero quería darme la oportunidad.

A los pocos meses, después de ese episodio, llegaron más comentarios: «Tú debes salir a tomar cerveza con nosotros» (yo no consumo licor), «Nada pasa si no vas con tu hijo al cine para tomarnos una cerveza con el equipo», «Por tu rol, debes invitar a los superiores a tomarse algo»… y así, otros jefes y más. Hasta me dijeron que si quería escalar, debía invitar a los superiores. ¡No, gracias! No me nace, no lo hago, y por eso me catalogaron como que debía mejorar mi relacionamiento. Pero, ¿sabes qué? En ese lugar, parece que tienes que «invertir» parte de tu salario en relaciones sociales para poder quedarte.

Pero eso no fue todo. Luego llegaron los gritos por hacer cosas que éticamente no estaban bien. Yo ya era alguien complicado solo por no aceptar hacer cosas que afectaban a otros. Al final, pensé: «¿Hasta cuándo aguanto?» y decidí que era mejor no hablar. Mis aportes estaban alineados con lo que se requería, y hasta la misma empresa me ofreció un acompañamiento para mejorar mi relacionamiento.

Las charlas fueron chéveres, pero pronto me di cuenta de que no eran confidenciales. En la segunda sesión, al cuestionar, nos dimos cuenta de que ese lugar me había cambiado. Los episodios de acoso (sí, acoso) que viví me llevaron a poner una coraza y a estar más lejos. Pero seguía siendo diferente al prototipo de empleado que buscaban allí. No encajaba.

Era evidente que esa empresa, que proclama valores como equidad, liderazgo, conversaciones claras y respeto, tiene sus puntos oscuros. No se puede decir lo que piensas, no puedes callar, y entonces, ¡no puedes ser tú mismo! Un jefe incluso me dijo: «Está bien que hablemos con franqueza, pero no estamos preparados para escuchar lo que piensas». ¡Vaya manera de decirte que no te escuchan!

Y así, después de un proceso con una coach, sucedió lo inevitable. Mi jefe me llamó y me entregó una carta de despido «de mutuo acuerdo». No te dan muchas razones, pero tú ya las sabes. Fue claro que sufrí acoso, y fue más fácil retirarme antes de que me dieran cuenta del daño que me habían causado en años. Además, me hicieron dudar de mi capacidad y me bajaron de nivel profesional.

Ya han pasado meses, y entiendo que todo pasa por algo, luego de esos he escuchado otros casos, pero no todos con la misma suerte que yo. Gracias Dios por quitarme lo que no sirve.

Una respuesta a “Cuando te despiden de «mutuo acuerdo»”

  1. siempre debemos ser; ser honestos con nosotros, ser auténticos, ser uno con nuestro ser, no debemos permitir que nada ni nadie, nos menosprecie y mucho menos nos acose para dejar de ser

    Me gusta

Deja un comentario

acerca de este espacio

Construyendo ideas… mas adelante encontrarás

Explorar